Qué pedir en un presupuesto de página web: las siete líneas que evitan los extras
Por José Antonio González ·

«Diseño y desarrollo de página web — 1.200 € + IVA»
Una línea, un número y un hueco para la firma. Ese es el formato más repetido de presupuesto de página web, y el que provoca casi todos los disgustos del sector: todo lo que no está escrito en esa línea se discute más tarde, cuando ya has pagado la mitad y tienes prisa por salir.
Normalmente no hay mala fe. Hay dos personas que han entendido dos proyectos distintos. Tú diste por hecho que los textos los escribía la agencia; la agencia dio por hecho que se los mandabas tú. Ninguno de los dos lo dijo y el presupuesto tampoco. Dos meses después, la página sigue con «Lorem ipsum» y la conversación empieza con «eso no entraba».
Un presupuesto de página web no se mide por lo que cuesta, se mide por cuántas discusiones futuras deja cerradas por escrito. Y son siete. Si las siete están en el documento, el precio es comparable con el de cualquier otra oferta; si falta una, estás comparando dos cosas que no son lo mismo.
1. De quién es la página web cuando esté terminada
Es la línea más importante del presupuesto y la que menos veces aparece. Lo que hay que pedir, con estas palabras o parecidas:
«Al terminar y pagar, el dominio, los archivos, la base de datos y los accesos de administrador quedan a mi nombre y en mi poder.»
Tres cosas distintas se esconden ahí. El dominio tiene que estar registrado a tu nombre como titular, no al de la agencia «para gestionarlo mejor». Si lo registras por tu cuenta, mejor: cuesta lo mismo y no dependes de nadie. Los archivos y la base de datos son la web en sí: tiene que poder descargarse y llevarse a otro proveedor. Y el acceso de administrador tiene que ser tuyo, con tu usuario, no un acceso de editor que no te deja instalar ni exportar nada.
Mala señal: «el dominio lo llevamos nosotros», «te damos un usuario para que cambies textos», o una web montada en un sistema propio de la agencia del que no se pueda exportar. Eso último no es una web, es un alquiler. Si algún día quieres cambiar de proveedor, la migración empieza por tener algo que migrar.
2. Alojamiento y dominio: quién los paga y cuánto
Casi ningún presupuesto incluye el alojamiento y el dominio, y está bien que no los incluya: son un gasto anual y la web es un pago único. El problema es que no se diga.
Hay que pedir dos números separados: cuánto cuesta el dominio al año y cuánto cuesta el alojamiento al año, con el nombre del proveedor. Que aparezca el proveedor es la diferencia entre un alojamiento que pagas tú y una cuota opaca «por tener la web online».
Y pedir que diga a nombre de quién se contrata. Si el alojamiento está a nombre de la agencia y un día dejáis de trabajar juntos, tu web vive en una cuenta que no controlas. Se arregla, pero con prisa y mal tono, que es la peor forma de arreglar nada.
3. Qué pasa el día después de la entrega
El mantenimiento es la línea que más dinero mueve a lo largo de los años y la que se despacha con un «ya hablamos». Hay que pedir tres cosas en el presupuesto, y las tres caben en un párrafo:
- Qué incluye y qué no: actualizaciones del gestor y los plugins, copias de seguridad, certificado, revisión de seguridad, cambios pequeños de texto o de imagen.
- Cuánto cuesta al mes y desde cuándo empieza a contar.
- Qué pasa si no lo contratas. Tiene que ser una opción legítima, no un castigo. Aunque una web sin actualizar dos años acaba rota o abierta de par en par.
Nuestros precios de mantenimiento web están publicados y van desde 30 € al mes para una landing hasta 150 € para una tienda grande, sin IVA. No por vender aquí: una cifra publicada es lo único que te deja comparar la cuota que te pidan en otro sitio.
4. Quién escribe los textos
Esta es la línea que explica la mitad de las diferencias de precio entre dos presupuestos de página web que parecen iguales. Escribir las siete páginas de una web corporativa, cada una pensada para una búsqueda distinta, es más trabajo que diseñarla.
Hay que pedir que el presupuesto diga, página por página, quién redacta. Hay tres respuestas válidas y una mala:
| Lo que pone | Qué significa |
|---|---|
| «Redacción incluida, X páginas» | Lo escribe la agencia y revisa el cliente |
| «Adaptación de textos aportados por el cliente» | Los escribes tú y ellos los ajustan |
| «Textos a cargo del cliente» | Los escribes tú, enteros, y ese trabajo es tuyo |
| Nada | Lo descubrirás a mitad del proyecto |
Si los escribes tú, conviene pedir también cuándo los necesitan y en qué formato. La mayoría de los proyectos que se alargan no se alargan por el desarrollo: se alargan esperando los textos del cliente.
5. De dónde salen las fotos
Mismo razonamiento, otra partida. Tres opciones y conviene que el presupuesto diga cuál es:
- Fotos tuyas. Lo mejor si las tienes decentes, y gratis.
- Banco de imágenes. Rápido, barato y se nota. En hostelería, clínicas o reformas el cliente quiere ver el sitio real: una recepción de archivo le dice que no le estás enseñando la tuya.
- Sesión de fotos. Es un gasto aparte, con un profesional, y casi nunca entra en el precio de la web. Si tu negocio se vende con la vista, hay que pedirlo como línea propia del presupuesto con su importe, no como un «ya veremos».
Conviene pedir además quién optimiza las imágenes. Una web con fotos de cuatro megas tarda en abrirse en un móvil con datos, y eso se paga en visitas perdidas, no en la factura.
6. Plazos con fecha, y qué los detiene
«Entre cuatro y seis semanas» no es un plazo, es una intención. Lo que hay que pedir es un plazo con el punto de partida escrito:
«Cuatro semanas desde la recepción de textos y fotos definitivos.»
Esa segunda mitad protege a los dos: a la agencia, de que le pidan cuentas por un retraso que no es suyo; a ti, de un proyecto en el limbo del que nadie responde.
Y pedir dos cosas más en la misma línea: cuántas rondas de revisión entran —y qué cuesta la siguiente— y cómo se pagan las fases. Lo habitual es la mitad al empezar y la mitad al entregar. Si alguien te pide el total por adelantado, que sea con un plazo firmado al lado.
7. Qué pasa si te vas
La línea que nadie escribe porque incomoda, y la única que se nota cuando hace falta. Dos supuestos:
Si el proyecto se cancela a mitad. ¿Qué parte se devuelve y qué parte se queda pagada? ¿Te entregan lo hecho hasta ese momento, en archivos que sirvan, o se queda en su servidor? Pedirlo cuando ya ha pasado es tarde.
Si la web ya está en marcha y cambias de proveedor. Hay que pedir una frase sobre el traspaso: que te entreguen los accesos, los archivos, la base de datos y los correos sin coste, en un plazo razonable. En los dominios .es, el traslado lo tramita el registro con la conformidad del titular; en el resto hace falta el código de autorización, y ese código tiene que dártelo quien lo tenga. Que esté por escrito evita una semana de silencio en el peor momento.
Nadie firma un presupuesto de página web pensando en irse. Por eso mismo es el momento de acordarlo: cuando todavía os caéis bien.
La otra mitad: cómo pedir el presupuesto para que te lo den bien
Un presupuesto malo suele ser la respuesta honesta a una petición mala. «Quiero una página web, ¿cuánto me cuesta?» no se puede responder en serio, y lo que vuelve es una cifra defensiva: inflada por si acaso, o barata para engancharte y renegociar luego.
Si mandas estas seis líneas, lo que recibes es comparable:
- Qué vendes y a quién. Dos frases bastan.
- Qué quieres que haga la web: que llamen, que reserven, que compren, que te manden un formulario.
- Qué páginas crees que necesitas. Aunque te equivoques: te dirán por qué.
- Si tienes textos y fotos, y si no, si quieres que te los hagan.
- Para cuándo y si hay una fecha que no se puede mover.
- Qué presupuesto tienes. Decirlo no te encarece el proyecto: evita que te propongan una tienda de 3.000 € cuando necesitas una landing de 400.
Ese correo cabe en diez líneas y cambia lo que te contestan. Si dudas de qué tipo de página web te corresponde y cuánto vale cada una, los precios están en cuánto cuesta una página web; la decisión de fondo —plantilla conocida o desarrollo propio— en WordPress o web a medida.
Tres respuestas que descartan un presupuesto solas
No hace falta entender de tecnología para detectar a quien no te va a tratar bien. Basta con escuchar tres respuestas.
«¿En qué la vais a hacer?» Si no quieren decir la tecnología, casi siempre es porque estás entrando en un sistema cerrado del que no se sale con tus archivos.
«¿Puedo ver una web que hayáis hecho y hablar con ese cliente?» Lo primero lo da cualquiera. Lo segundo lo da quien ha terminado bien sus proyectos.
«¿Qué no incluye este precio?» La buena respuesta es una lista. Quien conteste «todo incluido» no ha leído su propio presupuesto, o lo ha leído muy bien.
Preguntas frecuentes
¿Es normal pedir todo esto por escrito o queda mal? Es normal, y ayuda a la agencia: un proyecto con el alcance cerrado se entrega antes y con menos roces. Quien se moleste por pedirle claridad te está adelantando cómo va a ser trabajar con él.
¿Un presupuesto más caro es mejor? No por sí mismo. Lo es cuando incluye algo que el otro no: los textos, las fotos, más páginas, el mantenimiento. Pon los dos presupuestos al lado, marca estas siete líneas y en diez minutos ves de dónde sale la diferencia. A veces sale de que uno te vende más página web de la que necesitas.
¿Puedo hacerme la web yo mismo y ahorrarme el presupuesto? Sí, y para un proyecto pequeño con tiempo por delante es una opción legítima. Lo que no sale bien a nadie es quedarse a medias: una página empezada y abandonada un año vende menos que no tener ninguna. Si la haces tú, pon fecha de publicación antes de empezar.
¿Y si el proyecto cambia a mitad y hace falta más trabajo? Pasa en casi todos, y no es un problema si está previsto: basta con pedir que el presupuesto diga el precio por hora o por página extra. Con esa cifra acordada, una ampliación es una decisión tranquila; sin ella, una negociación en mal momento.
Las siete líneas, para llevártelas al presupuesto
Cuando tengas delante el presupuesto de tu página web, repasa que estas siete estén escritas. Si falta una, no hace falta discutir: se pide y ya está.
- Propiedad. Dominio, archivos, base de datos y administrador, a tu nombre al pagar.
- Alojamiento y dominio. Precio anual de cada uno, proveedor y a nombre de quién.
- Mantenimiento. Qué incluye, cuánto al mes y qué pasa si no lo contratas.
- Textos. Quién los escribe, página por página, y para cuándo.
- Fotos. Tuyas, de banco o sesión aparte con su importe.
- Plazos. Con fecha de inicio, revisiones incluidas y forma de pago.
- Salida. Qué se entrega si cancelas o si cambias de proveedor.
Nosotros trabajamos así: alcance por escrito, precio cerrado, plazos contando desde que tenemos el material y la página a tu nombre al terminar. Los precios de cada tipo de web y de mantenimiento están publicados, antes de hablar con nadie. La oficina está en Alhaurín de la Torre, Málaga, y el trabajo es el mismo para una empresa de Madrid o de Bilbao: lo único que exige presencia física es una sesión de fotos en tu local, y eso se dice antes de firmar.
¿Quieres pedir un presupuesto con las siete líneas dentro? Cuéntanos qué necesitas y te lo mandamos cerrado, con lo que incluye y lo que no. Si lo que buscas es diseño web con una página por servicio, ahí está explicado cómo lo hacemos.
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